Uno de cada diez jóvenes vitorianos de entre 16 y 29 años tiene lonja.

De un tiempo a esta parte, el fenómeno de las lonjas juveniles ha adquirido cierta visibilidad.La crisis, unido a normativas que limitan el uso del espacio público como la Ley Antitabaco o las ordenanzas municipales anti-botellón, han ayudado a la proliferación de este tipo de locales que se resisten a abandonar el tipo de vida que les acompaña desde sus orígenes, unido muchas veces al conflicto vecinal.

En Vitoria, sin ir más lejos, se estima que podrían existir 160 establecimientos de este tipo dentro del casco urbano, y 50 más en las zonas industriales y periféricas. Si se calcula que cada uno de ellos está ocupado por una media de 18 personas, se puede deducir que en torno a un 10% de los jóvenes gasteiztarras de entre 16 y 29 años tiene lonja. La mayor parte de ellas se ubican en Arana, Aranbizkarra, seguido de El Pilar y Zaramaga, mientras que Coronación y Casco Viejo son los barrios con menos concentración de locales.

Así se desprende de un estudio que acaba de presentar la Universidad del País Vasco en el marco del Plan Joven Municipal del Ayuntamiento de Vitoria, que ha querido analizar la realidad de las lonjas juveniles de la ciudad con el fin de estudiar medidas que contribuyan a mejorar la convivencia entre usuarios, vecinos y propietarios.

Entre las conclusiones, destaca la conveniencia de desarrollar una normativa propia y un sistema de mediación de conflictos en el que colabore el Servicio municipal de Juventud, siempre y cuando haya interés por parte de los implicados. “Cualquier reglamentación e intervención sólo funcionará si es un proceso voluntario para todas las partes, y nunca como intervención fiscalizadora, pues chocaría con la lógica de la lonja juvenil en tanto espacio autonormado”.

El origen de este tipo de locales se remonta a los años 90, coincidiendo con el auge de los centros comerciales y la desaparición del pequeño comercio de barrio. El estudio destaca el carácter “dinamizador” de las lonjas, en cuanto han contribuido no sólo a dar vida al barrio sino a fomentar su actividad económica. Insiste, sin embargo, en que los problemas que se generan en ellas, como los ruidos o los riesgos de hacinamiento, es debido muchas veces al alto precio del alquiler motivado por la desconfianza de los arrendadores. En este sentido, recuerda que la responsabilidad de las deficiencias de las instalaciones y el estado general del local cae muchas veces sobre los jóvenes, cuando para el resto de inmuebles está socialmente establecido que es el propietario quien debe asumirlo.

Por todo ello, entre las recomendaciones de estos analistas está la de crear una bolsa de lonjas con oferta de calidad, una propuesta de modelo de contrato, seguro de cobertura, una inspección técnica de mínimos, además de un servicio de asesoramiento tanto a propietarios como a jóvenes sobre los trámites a llevar a cabo. También se aboga por regular los usos de las lonjas y por establecer una reglamentación del equipamiento mínimo que debe contener un local.

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